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Comando Plath

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Contra el acoso, el insulto y la discriminación en la literatura: habla el Comando Plath

Una conversación con las integrantes de Comando Plath, un colectivo de escritoras que luchan desde el hartazgo y hacia la visibilización

Por: Luna Miguel 

 

A finales de la semana pasada, las poetas españolas Gema Palacios y Emily Roberts denunciaban públicamente y en sus respectivos muros de Facebook los comentarios insultantes que habían recibido por parte de otro poeta, Luis Llorente, en esa misma red social.

En su post, Llorente insinuaba que esas autoras no eran buenas, pero que aún así no le importaría follárselas. Aunque hay quien podría pensar que tales comentarios son inocentes, lo cierto es que esas palabras representan sólo la punta de un iceberg mucho más grande. De un problema mucho más complejo y del que adolece buena parte del mundo editorial. El hecho de convertir a una escritora en un cuerpo —en un trozo de él, más bien—. El hecho de no poder debatir seriamente sobre su obra o sus ideas y de acabar reduciéndola siempre a roles humillantes. El hecho de convertir esta falta de respeto en acoso, vejaciones e insultos es ya una constante en los círculos literarios y a menudo quedan impunes.

Por suerte, recientemente distintos colectivos de activistas y escritoras, así como artículos y reportajes de determinados medios internacionales se han preocupado por investigar, airear y denunciar el sexismo del que adolece nuestra literatura. Un sexismo que venimos arrastrando y perdonando mucho tiempo. Un sexismo que será imposible de erradicar sin la denuncia y la visibilización de estas desigualdades. De entre todos esos colectivos y grupos de acción, uno de los últimos en darse a conocer gracias a un potentísimo manifiesto ha sido el Comando Plath. Capitaneado por la poeta peruana Victoria Guerrero, pero formado por un grupo más amplio de escritoras, este Comando nació en solidaridad con la poeta Roxana Crisólogo, después de que ella denunciara el acoso que había sufrido.

Según relata a PlayGround la propia Guerrero, “a veces es necesario que alguien más esté contigo para que todo surja, y creo que allí apareció algo que ya había tenido en mente: hacer un colectivo donde todas las voces puedan aportar”.

Así, de las ideas a la acción, surgió lo que ella llama un cadáver-manifiesto titulado ¿Cómo tira una poeta?,“un texto que se ensambla a partir de frases, insultos que hemos recibido a lo largo de nuestra vida y que se construye desde una voz colectiva”.

E inspiradas por otro poderoso poema que la española Berta García Faet había publicado en aquellos díasEste no es un poema feminista en la revista Transtierros, Guerrero y el grupo de poetas que se habían unido a su causa sintieron que todas las piezas encajaban. Que era la hora de “tirar”, sí. La hora de disparar el gatillo “hacia el mismo objetivo: sensibilizar al otr@ sobre la situación de inequidad que vivimos las mujeres no solo en el campo económico sino también cultural”.

Dice Guerrero que evidentemente esta lucha no es de hoy y tiene una larga historia detrás. “No somos pioneras, pero vamos por más, queremos más: autonomía, cambio en las relaciones afectivas y sociales, toma de espacios…”.

Desde PlayGround nos hemos querido unir a su importante grito, y por eso hemos hablado con las integrantes del Comando Plath, con el deseo de que su voz no deje jamás de leerse. De que suene siempre bien alta.

De unos años a esta parte cada vez son más visibles las reivindicaciones de escritoras a propósito del trato ofensivo que reciben en el mundo literario. ¿Creéis que las redes sociales han ayudado? ¿Podríais recomendarnos asociaciones, escritoras o medios que estén ayudando a combatir el problema? 

Tal vez ese hartazgo ha existido desde hace mucho más tiempo, pero las redes ayudan a difundirlo y generar empatía. Es tan increíble, que es difícil quedarse indiferente, y además provoca ese efecto “a mí también me ha pasado” que es tan poderoso. En un sistema patriarcal y heteronormativo como el que vivimos, en el que además nos enseñan desde pequeñas a sonreír y no alzar la voz, cuando ves que no estás sola y que tienes razón, y que no es normal que ocurra, el efecto contagio es inevitable y muy gratificante. Tener voces públicas que denuncian es inspirador y muy importante; y a nivel asociaciones o colectivos por supuesto, no sólo de escritoras y autoras. Está la página de Las Críticas, que tiene un gran papel, reivindicar la crítica literaria autónoma hecha por mujeres. En Perú están haciendo un grandioso trabajo colectivos como Malquerida, que busca apoyar y acompañar a mujeres a publicar sus textos, Danzón Nuclear, desde los cuerpos y la danza contemporánea o la Plataforma Comadres, que visibiliza a mujeres que hacen análisis político. También está Trenzar, un colectivo de teatro feminista que parte del activismo como herramienta, enlazando su propuesta a la ruptura de jerarquías del teatro clásico, apostando por una metodología de creación y dirección colaborativa. Además el proyecto Las malcriadas, de Kelly Alfaro también es una propuesta para resignificar la representación de la imagen de las mujeres en los medios de comunicación, o el periódico La Purita Carne, dirigido por Rocío Fuentes y que acaba de nacer en Agosto, además de Nosotras Estamos en la Calle, que agrupa a colectivos de mujeres artistas que intervienen espacios públicos…

En suma muchas iniciativas feministas valiosísimas y diversas impulsadas por mujeres.

Hace unos meses publicamos un reportaje en PlayGround que hacía eco de voces de algunas poetas de España que habían sufrido acoso. Curiosamente después de publicarlo muchos escritores se quejaron de que “sin dar nombres las denuncias quedarían en nada” e incluso se sugirió que algunos de esos testimonios eran mentira. ¿Vosotras defendéis el anonimato? Si es así, ¿por qué?

Como en todo colectivo, no hay una opinión cerrada respecto al anonimato. Algunas lo preferimos así, y no se puede negar que puede haber un cierto miedo que combatimos siendo enjambre.

Hablamos de situaciones de poder, hablamos de exponerse públicamente y hablamos en muchos casos de personas con enorme prestigio; la reacción habitual muchas veces sigue siendo culpabilizar y demonizar a las mujeres, (el famoso “algo habrá hecho”), lo vemos todos los días, en todos los ámbitos.

Es muy cierto también que sin nombres, como dices, y ante hechos tan reconocibles y tan verosímiles, muchos se van a sentir tocados, porque saben que es una realidad aplastante y que si no fueron ellos, lo presenciaron y no dijeron nada. Callar es permitirlo y ser cómplice.

Pero otras pensamos que también hay que señalar con nombre y apellidos, ese nombre y esos apellidos que te agredieron y que merecen ser puestos en grande, para que todo el mundo lo sepa. Para que cuando se mire a ese escritor, además de su erudición, sus libros publicados y su buena onda se piense: “este tipo es un machista y despreció, humilló y atacó a las poetas por ser poetas mujeres”. Porque es intolerable, injustificable y si tocan a una tocan a todas.

¿Habéis recibido comentarios de este tipo desde el Comando Plath?

En ¿Cómo Tira Una Poeta? reflejamos todas las veces que nos han humillado, invisibilizado y agredido por ser mujeres. Como dice el manifiesto, no son nuestras palabras, son las de los agresores, y se las devolvemos.

¿Y habéis recibido más historias de mujeres al respecto?

 Sí, lo espeluznante es que desde que se publicó el poema, en los comentarios, más mujeres añaden sus versos. Es un poema infinito, inacabado y ojalá mutante. Algo así ocurrió con el movimiento Ni Una Menos en Perú, que surgió ante la rabia y el horror que producían testimonios de mujeres, amigas, amigas de amigas, y así hasta un grupo de diez mil personas, que contaban agresiones, sexuales, verbales, acosos, maltratos en primera persona. Y el testimonio de una daba ánimos a otra a compartir el suyo, a lo mejor por primera vez porque sentía que era un espacio seguro.

Es durísimo hablar con tu entorno y reconocernos que los agresores existen, y que en muchos casos son nuestros compañeros, incluso amigos. Pero es más duro incluso leer textos de autoras de hace veinte, cuarenta, ¡hasta más de cien años!, como la Carta a Eduarda de Rosalía de Castro que es de 1865, o el discurso de María Jesús Alvarado en Perú reclamando el derecho a las mujeres a leer y escribir (para justificar que accedieran a la secundaria en los años veinte) y pensar: no podemos creer que sigamos en esta mierda.

Ahora que os habéis dado a conocer, ¿cuál es el siguiente paso?

El siguiente paso es visibilizar y difundir el trabajo intelectual de las mujeres. Construir redes tanto en Latinoamérica como fuera.

Hay una sensación de hartazgo generacional.

Por el momento, algunas chicas plantean la idea de hacer una casa/taller donde nos podamos reunir para hacer lo que nos gusta y, además, conversar, dar soporte. Todavía no tenemos algo concreto, aún es bastante espontáneo, pero lo más importante es la perseverancia. Todo lo que aporte desde el campo cultural es bienvenido.

Esa red de apoyo, ¿podría ser internacional? ¿Deberíamos unirnos aunque nos separen miles de kilómetros?

¡Deberíamos! En cierto modo ya está casi casi hecha, en muchos tramos de mujeres que se hablan, comparten y comparten indignación, aunque de una manera informe y sin nombre. Falta conectar más puntos, autonombrarnos y que nos sintamos todas parte y todas a una. Pero gracias a las redes, a leernos y a movernos, de aquí para allá, es inevitable encontrarnos, irnos conociendo y reconociendo y aun siendo tremendamente diversas, vivir en un montón de países, ser migrantes, cholas, mestizas, europeas, altas, bajas, gordas, cis o trans, poetas o escribanas, compartimos el hartazgo, y la sensación de que no se puede seguir callando y  normalizando comportamientos y actitudes que son de una violencia bárbara y anacrónica, desde que nos invisibilicen hasta que nos insulten, ninguneen o menosprecien por el hecho de ser autoras mujeres.

¿Cómo pensáis que podríamos comenzar a  establecer estas redes?  

El apoyo es muy importante, muy valioso, sobre todo en momentos críticos. Abrirnos entre las mujeres a nuestras propias falencias y compartir fortalezas.

Es interesante que la mayoría de nosotras ha leído y se siente sensibilizada en mayor o menor medida con el feminismo.

Nuestro objetivo no es el “ataque”, es también abrir espacios de comunidad para otr@s sujetos feministas aunque por el momento solo somos un grupo de mujeres. No es solo hacer mesas o colectivos de escritoras y artistas, es compartir la mesa en igualdad de condiciones.

En este sentido hay varias compañeras feministas que están generando insistentemente la apertura de espacios y acciones concretas, como grupos de lectura de autoras, asambleas abiertas, encuentros de trabajadoras de las artes y las culturas, en ese sentido creo que las metodologías de esos espacios también son inspiradoras y sobre todo alimentan la creatividad para seguir desarrollando nuevas respuestas.

Una cosa que llama la atención de Comando Plath es su nombre. ¿Por qué habéis escogido a la poeta estadounidense como referente?

De hecho escoger a Sylvia Plath ya te sitúa en su vida y en su producción. La reivindicamos como poeta, una poética de la crisis, de la histeria, incluso, si quieres; y como mujer que tuvo que resistir a su marido, “el Poeta”. Sin embargo, el hecho de ser un “comando” quiere expresar que queremos estar más en el hacer y que ya estamos cansadas del “resistir”. Queremos tomar los espacios. Reivindicamos a Plath, podríamos haber reivindicado a otras más de cualquier nacionalidad que han sufrido los mismos maltratos que Plath, pero Hughes tiene varias muertes a cuestas, y, además, expropia el legado de Plath al mutilar parte de sus diarios. Entonces ser el Comando Plath cobra una potencia inesperada.

Para terminar, nos gustaría pediros consejo y saber cómo creéis que deberíamos actuar nosotros, desde el periodismo y desde la crítica, para revalorizar y reivindicar a todas esas autoras que a lo largo de la historia han sido ninguneadas y oprimidas.

En el periodismo tradicional y la crítica literaria, con excepciones, se reproducen esos modelos de invisibilidad y violencia simbólica que denunciamos como espacios de poder que son. Nos desespera ver cómo se es impasible a listas literarias donde no hay una sola escritora, o a valoraciones de escritoras en función de quién eran esposas o amantes.

Creemos que debería ser más empático con todas estas reivindicaciones y  estar más al tanto de lo que ocurre, pero vaya! el periodismo también se ha vuelto un lugar efectista, por eso ahora son mejores los lugares independientes, lejos de las corporaciones y monopolios de la noticia.

Desde el periodismo se puede dar a conocer y difundir la labor de muchas mujeres que apuestan por un espacio de igualdad y respeto. No queremos paternalismo ni piedad, exigimos igualdad de oportunidades para todas (eso incluye raza, género, clase) aunque suene utópico. Ya está, es lo que queremos.

Tomando de: http://www.playgroundmag.net/cultura/books/Comando-Plath_0_2047595229.html

 

About The Author

El Comando Plath surge del hartazgo. Hartazgo de ser estereotipadas, hartazgo de ser invisibilizadas, violentadas y ridiculizadas. El Comando Plath somos un grupo de mujeres escritoras, artistas e intelectuales. El Comando Plath somos todxs.

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