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Louise Glück: ese bosque oscuro y el fuego son una verdad

La poeta norteamericana Louise Glück (Nueva York, 1943) acaba de ganar el premio Nobel de Literatura. Desde 1996 en que lo ganara la poeta Wislawa Szymborska, la poesía había estado postergada del Nobel, pero hoy volvió con renovada sorpresa.

Mientras los post de las redes sociales hablaban de una poeta desconocida para el mundo latinoamericano, yo había podido leer uno de sus poemarios “El iris salvaje” (1992) en traducción del poeta peruano Eduardo Chirinos. Si mal no recuerdo adquirí el libro en la Feria del Libro de Bogotá cuando Perú fue el invitado de honor. Estaba en la sección de saldos, y me llamó la atención que esa hermosa edición de Pre-textos (2006) se perdiera entre los remates.

Su lectura era extraña, una poeta obsesiva, cada poema podía ser una versión de lo mismo. Una poesía desolada, pero no dramática. Que se hace cargo de lo que revela. Se ha hablado de una poeta fría, distante, pero no hay que olvidar su profunda introspección, su rechazo a la autoridad en “El iris salvaje” y sus relaciones con la familia y el fracaso en muchos de sus otros poemarios.

Una poeta lírica, sí. Si entendemos lo lírico como una contemplación desde el lenguaje. Una poeta contenida, una poeta descarriada. Una poeta melancólica, también. Luminosa y oscura. Todos los opuestos son verdaderos en la poética de Glück, por eso resulta avaro que la academia la haya premiado con estas palabras: “por su inconfundible voz poética, que, con una belleza austera, convierte en universal la existencia individual”.

A mí, al menos, no me dice nada. Imagino que a sus futuros lectores tampoco. A estas alturas, la idea de la belleza en un mundo tomado por el capitalismo tardío, la debacle ecológica y la pandemia resulta incluso indigno de nombrar. Lo de “austeridad” podría aun ser leído como resistencia en un mundo de derroche. Sin embargo, lo interesante es observar cómo los signos van revelando claroscuros en un mundo que ha sido mezquino en su demanda hacia las mujeres. Mezquino como las palabras de la academia.

Si bien la favorita era Anne Carson, la premiación de Glück pone en el centro a la poesía, un lenguaje siempre opaco frente a la mediocre claridad a la que ha tenido que abdicar cierta prosa para poder aspirar a la ficción del mercado. Además, expone una sensibilidad particular en relación con la sensibilidad de las mujeres, la autoridad paterna y el fracaso amoroso, y se nos invita a la exploración de la tradición poética norteamericana, en voces como Sharon Olds, Anne Sexton, Plath, y la madre Emily, Emily Dickinson. 

La poeta Mariela Dreyfus, quien reside en Nueva York, recordó en su estado de facebook que conocemos a Glück en el Perú a través del libro “Muestra de poesía norteamericana contemporánea” (Jaime Urco comp, 1987), libro que también tengo la suerte de tener a mi lado. Así que definitivamente no nos era tan lejana. Lo que sucede es que la poesía tiene otros caminos para transitar y traficar. En esa antología aparece la hoy Nobel con cinco poemas en la traducción de Marcela Garay: “El regalo”, “Los colegiales”, “El espejo”, “La viuda del corredor” y “Gretel en la oscuridad”.

Finalmente, mi deseo es que en una próxima lista del Nobel pueda encontrar a Chantal Maillard, Ida Vitale, o Raúl Zurita. Ah, y también a Patty. Patty Smith.

Y a propósito de Louise G, aquí tres poemas para seguir conociéndola:

 

Gretel en la oscuridad

Este es el mundo que deseábamos.
Todos los que querían vernos muertos
están muertos. A través de una capa de azúcar
oigo estallar el grito de la bruja
a la luz de la luna: las recompensas de Dios.
Su lengua consumiéndose en el gas…

Ahora, lejos de los brazos de las mujeres
y del recuerdo de las mujeres, en la cabaña de nuestro padre
dormimos, nunca tenemos hambre.
¿Por qué no lo olvido?
Mi padre cierra la puerta, aleja el daño
de esta casa, y son años.

Nadie lo recuerda. Incluso tú, mi hermano,
en las tardes de verano me miras como si
pensaras partir,
como si nunca hubiera sucedido.
Pero maté por ti. Veo abetos armados,
las agujas de ese horno resplandeciente—

En las noches te busco para que me abraces
pero no estás ahí
¿Estoy sola? Espías
sisean en la quietud, Hansel,
todavía estamos ahí y es real, real,
ese bosque oscuro y el fuego son una verdad.

De: La casa en la marisma (1975)

 

Nieve de primavera

Mira el cielo nocturno:
en mí poseo dos personas, dos clases de poder.

Estoy aquí contigo, en la ventana,
observando tu reacción. Ayer
la luna se alzó sobre la tierra mojada del jardín.
Hoy la tierra brilla igual que la luna,
como materia muerta, encostrada de luz.

Ahora puedes ya cerrar los ojos.
He escuchado tus llantos, también
los llantos anteriores a los tuyos,
y he sido sensible a sus demandas.
Te mostré lo que querías:
no la convicción sino el sometimiento
a la autoridad, que descansa en la violencia.

De: El iris salvaje (1992)

 

Lago en el cráter

Entre el bien y el mal hubo una guerra.
Decidimos que el cuerpo fuese el bien.

Eso hizo que el mal fuese la muerte,
que el alma se volviera
completamente en contra de la muerte.

Como un soldado que desea
servir a un gran señor, el alma
desea cerrar filas con el cuerpo.

Se puso en contra de la oscuridad,
en contra de las formas de la muerte
que reconocía.

De dónde viene la voz
que dice: y si la guerra
fuese el mal, que dice

y si fue el cuerpo el que nos hizo esto,
nos hizo tener miedo del amor.

De: Averno (2006)

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